OM nació de una conversación entre dos hermanas.

Una que sabe de números. Otra que piensa en objetos. Y una gata llamada Oreo y un perro llamado Marley que, sin saberlo, le dieron nombre a todo esto.

La verdad es que empezamos porque necesitábamos una salida. Pero en el camino descubrimos que lo que queríamos crear tenía algo más: objetos que no fueran decoración vacía, sino piezas con intención. Cosas que inviten a frenar, a respirar, a habitar los momentos simples.

 

Agustina se ocupa de que todo funcione. Florencia de que todo sea hermoso. Y entre las dos, construimos OM: una semana a la vez.